jueves, 21 de julio de 2011

Una forma de promover la puntualidad que engorda

En mi oficina, para promover la puntualidad, se acordó que el último en llegar a la reunión semanal del Lunes deberá llevar a la próxima reunión con comida (donuts, empanadas, etc.) para todos.

Es así, que llevamos unas 5 reuniones tras este acuerdo y siento que atenta contra toda dieta o esfuerzo para mantener la línea, aunque ha cumplido con su objetivo de que todos lleguemos a la hora. Es así, que hace 3 semanas fui la última en entrar a la sala de reuniones (todos estabamos apurados y en fila para no ser el último) y siendo así, debí llevar yo algo para compartir en la reunión.

Como me gusta cocinar, y justo el domingo previo a la reunión de la oficina era una fecha familiar, y nos juntaríamos en familia (unas 40 o 50 personas), aproveche de cocinar para ambas reuniones e hice 4 pie de limones y un kucken de yogurth, de los cuales lleve uno de cada uno a la oficina.

De los invitados a las reuniones de los lunes (15 personas), fuimos unos 10 ese lunes y cada kuchen era para 12. Como siempre comimos de más y me comprometí a enviar las recetas - cosa que aun no he hecho.

Sé que ha sido exitosa la forma de promover la puntualidad, pero creo que con tanta azúcar nos cuesta concentrarnos.También está el problema de que se ha convertido en una escalada, ya que los que siguen ya no saben que llevar para superar la vara impuesta por la reunión anterior.

Como sea, aprovecharé de escribir las recetas (aunque suelo cocinar al ojo y en grandes cantidades).

Espero seguir siendo puntual. :)

Valorar el esfuerzo

Vivo apurada.

Tratando de compatibilizar mi tiempo y prioridades, en un mundo que siento que nos absorve y nos obliga a perder nuestra identidad.

Dentro de todo esto me permito y me obligo a generar tiempo para compartir con mi familia, con mis amigos y, de vez en cuando conmigo misma.

Siento que hoy no se valora el esfuerzo requerido para hacer las cosas y se quiere todo rápido, fácil y ahora. Quizás si todo terminara allí no estaría tan mal, pero creo que existe la tendencia a despreciar aquello que requirió esfuerzo y dedicación.

Me propongo que valoraremos más el esfuerzo de algo bien hecho, de “hacer las cosas con amor”, de “amar lo que se hace”, y disfrutaremos entonces de los resultados de nuestro esfuerzo.

Es así que surge esta idea, de un momento dedicado a mí, a mis amigos y a aquellos que rescaten algo de todo esto.

Hoy me planteo rescatar parte de mis tradiciones familiares, como son: la cocina, la repostería, el bordado, el patchwork, los muñecos de tela, etc.